sábado, 14 de mayo de 2016

EL PERDÓN ALIGERA NUESTRAS CARGAS EN NUESTRO LARGO CAMINAR POR LA VIDA

PERDONAR ES HACERNOS UN FAVOR A NOSOTROS MISMOS



Esta es sin duda alguna la asignatura más difícil de nuestras vidas, ejercitar el perdón es harto complicado cuando el daño recibido es casi irreparable. Pero es posible perdonar, debemos hacerlo por el bien de nuestra salud emocional y física, ya que el rencor es un lastre en nuestra vida que nos amarga la existencia y nos impide vivir en armonía, el perdón es liberador y sanador. El rencor está muy unido al miedo y es un don que debemos renovar y ejercitar cada día. 
Personalmente, estaba muy convencida de que yo había perdonado de corazón el daño que mi padre me hizo cuando era niña y, en general, todo lo relacionado con mi niñez, pero a raíz de la enfermedad y muerte de mi padre y del cáncer de piel que estaba padeciendo mi madre, me di cuenta de que yo lo había perdonado intelectualmente, he dicho “yo perdono” y enterré el pasado en el olvido. 
Ahora he comprendido que el perdón no solo hay que enunciarlo, lo que en realidad sana las profundas heridas de nuestra memoria consciente y subconsciente es sentir el perdón, experimentar y vivenciar el perdón. El perdón va unido necesariamente a la sanción y a la reconciliación con la memoria, con los recuerdos dolorosos. 
Una de las cosas que he descubierto después de mucho meditar y reflexionar es que, para que el perdón sea profundo y sanador, tanto en la dimensión consciente como en la subconsciente, es imprescindible comprender las razones, los porqués, de las acciones que tanto daño hicieron a nuestra vida. Llegar a sentir compasión y declarar inocente a la persona que realizó dichas acciones. 
Cuando recibí la noticia de la enfermedad de mi padre y de sus deseos de verme antes de morir después de 30 años, busqué en mi interior un vestigio de compasión hacia ese enfermo moribundo que tanto daño había hecho, tanto a mí como a la familia, pero fui incapaz de sentir pena o compasión; fue entonces cuando entendí que aún no le había perdonado: en mi consciencia mental ya no existía el recuerdo doloroso de mi padre, estaba borrado de mi memoria consciente, pero en mi subconsciente estaba bien enquistado el rencor. 
Recientemente había conocido a una persona que se había convertido en alguien muy importante en mi vida, me enamoré por segunda vez, después de muchos años de haber rehusado esa posibilidad. Nunca me había implicado afectivamente con hombres que consumieran alcohol, tabaco o cualquier otra sustancia psicoactiva, de hecho, mi mayor obsesión con mis hijos desde que eran niños y adolescentes ha sido que bajo ningún concepto se relacionaran con estos vicios. Me aterrorizaba tan solo imaginar a uno de ellos hundido en el mundo de las drogas. 
Da la casualidad de que este hombre, del que estaba enamorada y con quien estaba viviendo una historia maravillosa de amor y ternura, estaba en un proceso terapéutico desde hacía varios años a raíz de sus fuertes adicciones pasadas con el alcohol y las drogas. Estas adicciones le tuvieron hundido en un abismo de oscuridad durante años del que decidió salir, y con la ayuda de su familia y de profesionales lo consiguió. Al conocer su experiencia y testimonio me hizo reflexionar sobre el alcoholismo de mi padre y sus adicciones, por primera vez sentí compasión hacia él en mi recuerdo, por primera vez lo pude ver como a un enfermo y no como a un depravado perverso que alcoholizado nos golpeaba y tenía conductas lascivas hacia mí siendo yo una niña. Un enfermo, eso es lo que era mi padre, pero yo nunca lo había visto de esa manera, hasta ahora. 
Esto me ayudó muchísimo para poder iniciar el proceso de perdón. El comprender el porqué y compadecer la humanidad de mi padre en medio de su miseria ha sido fundamental en mi proceso de reconciliación, en el cual, por cierto, aún estoy. 
El poder comprender que la mayoría de conductas humanas consideradas perversas y dañinas no son más que el resultado de enfermedades psíquicas y que, a su vez, esas enfermedades han tenido su origen en un pasado quizá traumático o en un trastorno biológico, nos permite la posibilidad de sentir compasión y declarar inocente a esa persona que tanto nos hizo sufrir. Sanar las memorias de las heridas subconscientes de nuestro pasado es fundamental para tener una vida emocional y físicamente sana y eso solo se consigue mediante el perdón: cuando perdonamos, no lo debemos hacer por el bien de quien nos ha dañado, sino por el nuestro. 
Yo pensaba que, al enterrar los recuerdos del pasado y no sentir odio, ya había solucionado mis rencores, pero en mi subconsciente aún estaban presentes. He iniciado un proceso de meditación y mentalización para intentar perdonar y reconciliarme definitivamente con mi pasado. Necesitaba, igualmente, perdonar a mi madre por su actitud pasiva, sumisa y medrosa y sanar mis relaciones con ella. Todos estos años hemos estado distanciadas no solo físicamente, sino también emocionalmente. 
También necesitaba perdonar todo el daño que mi exmarido hizo en mi vida afectiva de pareja y sanar mi visión del sexo masculino en mi vida, la cual dejaba mucho que desear. Durante todos estos años después de mi tormentoso matrimonio, utilicé a los hombres solo como un objeto para un fin determinado, siempre con su consentimiento, era esta una forma quizá muy sutil de tomar venganza. 
Al perdonar nos liberamos de una carga emocional negativa que lastra nuestras vidas y amarga nuestra existencia, al perdonar no hacemos un favor a nadie, nos lo hacemos a nosotros mismos. Las almas que guardan rencor y desean venganza son almas atormentadas e infelices, son almas muertas en vida. Está comprobado médicamente que el rencor, además de atormentarnos y enfermar nuestra mente, también enferma nuestro cuerpo: los odios y rencores hacen que nuestro sistema inmune esté más indefenso y, por lo tanto, sea más propenso a las enfermedades. Perdonar es, pues, más que un deber para con aquellos que nos han dañado: una obligación para con nosotros mismos para conservarnos sanos emocional y físicamente. 
Una cosa importante que se debe tener muy en cuenta es que perdonar no quiere decir que aceptas el daño que otros te hacen, eso jamás; en el caso por ejemplo de las dependencias emocionales y afectivas en la pareja y los malos tratos físicos y psicológicos, este es un error que se comete sistemáticamente: perdonar no implica bajo ningún concepto que te dejes dañar por otros. El hecho de que por tu bien perdones el daño que tu pareja te ha hecho no quiere decir que tengas que tenerla siempre en tu vida, por el contrario, debes apartarla de una forma contundente de tu existencia. 
La terapia del perdón es un proceso difícil, doloroso y lento, y para poder empezar a recorrerlo es necesario reconocer la necesidad en nuestra vida de experimentar el perdón para liberarnos y sanarnos. Este camino debe estar acompañado de mucha meditación diaria, visualización y, sobre todo, de muchas declaraciones de perdón y de inocencia en voz alta. Recordemos que el lenguaje es creador y las palabras pronunciadas en forma de decreto tienen un eco trascendental en nuestra mente y en nuestras emociones. Los resultados se van viendo poco a poco y día a día, y, lo mejor de todo, sentiremos como nuestras emociones se serenan y nuestra vida se llena de sosiego y armonía. Una de las cosas que a mí personalmente me ha ayudado mucho en este proceso es escribir lo que siento y todo el dolor va saliendo desde mi fuero interno a medida que voy escribiendo, es como una catarsis personal e individual que me va liberando interiormente. 
Hay otro punto fundamental en el proceso del perdón y es que también hay que perdonar a la vida y a nosotros mismos; nuestros enfados con la vida cuando los eventos que esperamos no suceden según nuestros deseos, o la rabia hacia nosotros mismos cuando cometemos equivocaciones, generan también profundas heridas en nuestro subconsciente que deben ser sanadas. Aceptar la vida con sus imperfecciones y hacer de nuestros errores sabios maestros es una decisión acertada y sensata y nos dará mucha armonía y bienestar emocional.

4 comentarios:

  1. Un texto extraordinariamente sutil y sincero, vivido y auténtico.

    Saludos

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    1. Muchas gracias por tú comentario y sobre todo por dedicar tu valioso tiempo a estas letras de aficionada

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  2. Para bien propio y de los demás, perdonar es necesario...

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  3. Para bien propio y de los demás, perdonar es necesario...

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